Meditacion misionera de Abril 2010

Publicado en por Redactor Jefe de nuestra revista:

Meditación misionera - abril 2010

Vocación consagrada y la campaña contra los abusos

El sacerdote, el religioso no es simplemente un profesional; es alguien que, en cierto modo, es visto como haciendo puente con Dios. El dolor es tanto más grande cuanto es una persona así la que nos engaña.

La prensa en estos días está llena de reportajes sobre abusos, y especialmente se habla de los abusos de parte de sacerdotes y religiosos. Después de que en años recientes lo medios de comunicación se apuntaban como blanco sobre Canadá, Estados Unidos e Irlanda, ahora su atención se dirige también hacia Holanda, Austria y Alemania. El caso de Alemania me afecta personalmente más que los otros, ya que se trata de mi Iglesia madre, como es también la Iglesia madre del Papa actual. El mismo Papa, en cuanto antiguo obispo de Munich, es cuestionado.

En lo que sigue, voy a hablar en calidad de lo que soy: sacerdote y religioso misionero. Tres cosas me vienen la mente y me llegan al corazón.

En premier lugar, reconozco con dolor que los abusos sexuales y físicos contra personas dependientes son actos criminales y más graves aún cuando se trata de menores de edad. Tales agresiones pueden marcar profundamente a una persona para toda la vida. Personalmente me duele enterarme de estos casos y quisiera pedir perdón en nombre de la Iglesia porque no hemos sabido proteger mejor a los inocentes y a personas que confiaban en nosotros.

En segundo lugar, tengo que observar que en muchas de estas acusaciones no hay imparcialidad. Desde hace años me pregunto, y no sólo yo, si la atención especial que se da a la Iglesia en este campo no es discriminatoria. A mediados de marzo Joerg-Uwe Hahn, el ministro de Justicia para el estado alemán de Hesse, decía que, desde el año 2000 han sido investigados en el estado 54 casos de abuso sexual realizados por maestros, sacerdotes y miembros del personal de clubes de recreo (en toda Alemania hay unas 300 denuncias de abusos en contra de la Iglesia Católica). En cambio, dice, hubo 3.832 casos de abuso en Hesse en 2008, que no afectaban a las iglesias, clara señal de que la mayoría de los casos se producen en el ámbito familiar.[1]

Constatamos, pues, que en estas campañas de opinión pública no todo es justo y proporcional, y que caben preguntas. Constatamos también que, según las leyes, en el caso de los que trabajan en la Iglesia, las sumas en juego pueden ser enormes por tratarse de una institución importante. ¡La Iglesia católica de Estados Unidos de América ha pagado globalmente mil quinientos millones de dólares en indemnizaciones, y en Irlanda la suma alcanzará centenares de millones también! ¿Llegará todo este dineral allí donde más se necesita? Hay que tener en cuenta que estos desembolsos no recaen solamente sobre los católicos culpables, sino que afectan a muchos otros fieles; pensemos en la venta hasta de templos y las repercusiones sobre muchas actividades misioneras y sociales, incluidos los países más pobres.

Pienso que hay que decir esto, para poner las cosas en su perspectiva. Se trata de defender un trato igual para todos.

Pero queda un punto más, el tercero. Debo admitir que en un cierto sentido la opinión pública tiene razón en escudriñar los asuntos del clero y de los religiosos con más atención. Ya es cosa normal que se mire y se juzgue a las personas públicas más severamente, y los medios de comunicación lo hacen de manera casi automática: no se les escapan ni los políticos, ni los artistas, ni los hombres del deporte. En el caso de los ministros de la Iglesia, es natural que sean más severos aún, ya que la Iglesia se considera como una instancia pública, creíble y de vida íntegra.

A los ojos de la fe, se añade el hecho que los abusos de ministros de la Iglesia y religiosos no sólo son crímenes de personas públicas que profesan un alto ideal, sino que también son escándalos. Ponen obstáculo a la misma fe en Dios y pueden hacer tropezar a mucha gente en lo que de más valioso hay en la existencia humana: nuestra relación con Dios y la apertura a su Palabra, fuente de vida y resurrección. Es serio lo que dice el mismo Señor sobre los escándalos: “Es inevitable que no haya escándalos y caídas, pero, ¡ay del que hace caer a los demás! Mejor sería que lo arrojaran al mar con una piedra de molino atada al cuello, antes que hacer caer a uno solo de estos pequeños.” (Lc 17:2) Esto se aplica también a nosotros que tenemos cierta autoridad en la Iglesia y no impedimos los abusos.
A mí personalmente, como sacerdote y religioso, todo esto me avergüenza. Sí, como ya dije más arriba, quiero pedir perdón a las víctimas en nombre del clero y de los religiosos. Quiero también ofrecer mi ayuda para que puedan sanarse de las heridas causadas, en cuanto eso todavía sea posible.

De paso digo, además, que como clérigos y religiosos debemos sacar un par de lecciones:

Una, darnos cuenta que ya ninguno nos quiere ver sobre un pedestal, con la pretensión de que nuestra conducta sea por principio siempre perfecta. Todos nos quieren humanos, y si hay pecado, que se admita y que se repare el daño.

Aceptar, en cambio, que se nos quiere ver cercanos a todos, al servicio de todos y sobre todo, solidarios con los pobres. En vez de tomar nuestro celibato como pretexto para separarnos de la vida normal, vivámoslo como una forma de vida que hace de todos nuestra familia.

Concluyo diciendo que este escrutinio público sobre los abusos, por muy estridente y poco equilibrado que sea, no nos debe intimidar a los sacerdotes, religiosos y misioneros. Nos debe servir de purificación, sí, y hacernos poner los pies sobre la tierra y no en las nubes. Pero sigamos sintiéndonos contentos en nuestra piel. Ya que Cristo nos dijo: “Ustedes no me eligieron a mí; he sido yo quien los eligió a ustedes y los envié para que den fruto, y ese fruto permanezca” (Jn 15:16). Nos hemos consagrado a una vida similar a la de Cristo y de María, de Pablo y tantos otros. Es una vocación hermosa y necesaria. Es una existencia que debe dar testimonio de la vida en plenitud que se nos ofrece, y de su fuente que es Cristo, una existencia que dice que el Domingo de Pascua es tan real como el Viernes Santo.


[1] Original English: As to mid-March, in Germany there are some 300 abuse claims against the Catholic church. Joerg-Uwe Hahn, the justice minister for the German state of Hesse, said that since 2000, 54 cases of sexual abuse by teachers, priests and recreational club staffers have been investigated in the state. In contrast, there were 3,832 abuse cases in Hesse in 2008 that did not involve churches, a clear sign that most abuse cases occur in families.

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