Una visita relampago

Publicado en por redactor jefe NO

CRÓNICA DE UNA VISITA A VENEZUELA

 

 

Fueron 12 días de recuerdos y emociones.

La fiesta de los 50 años de sacerdocio de Mñor. Ramiro Díaz Sánchez ha sido la ocasión para una nueva “inmersión” en Venezuela de dos Oblatos que conocimos y vivimos en esa tierra. Los agraciados, en representación de la Provincia, han sido los PP. Amador de Lucas y Aladino Garmón.

La “expedición” estaba compuesta por los dos Oblatos mencionados y por otros dos Oblatos congoleños, PP. Saint Pierre y Nené, destinados a reforzar la misión de Venezuela.

Salimos de Madrid el día 12 a las 13 horas y llegamos a nuestro destino, Machiques, a la 1,30 de la madrugada (hora venezolana). Largo y cansador viaje.

 

Fiesta de Mñor Ramiro.

En Venezuela los acontecimientos importantes se suelen preparar a golpe de comisión. Y así ocurrió con este acontecimiento de la efemérides de los 50 años de sacerdocio de Mñor Ramiro. Bien es verdad que él se mostraba reticente; pues prefería una celebración sencilla. Y hay que reconocer que la comisión trabajó con interés y empeño, siendo uno de los factores del éxito.

A las 10 de la mañana del día 14, sábado, tiene lugar el acto principal: La Eucaristía.

La catedral estaba llena de gente, como en las grandes solemnidades. Dos Obispos acompañaban a Mñor Ramiro y faltaban varios más que no pudieron hacerlo al coincidir con la toma de posesión del nuevo Sr. Obispo de la diócesis de la isla de Margarita, y más de treinta Sacerdotes diocesanos y religiosos, entre ellos los Oblatos en pleno. Habría que resaltar la presencia de los 10 seminaristas del Vicariato que Mñor Ramiro cuida y mima.

El P. Aladino fue el encargado de cantar las glorias de la fiesta. Después de los saludos de rigor, quiso enmarcar sus palabras entre dos textos evangélicos que pronuncia el Obispo ordenante tanto en la ordenación sacerdotal, como en la consagración episcopal: “Ya no os llamo siervos, a vosotros os llamo amigos, porque todo lo que he oído a mi Padre os lo he dado a conocer.

No me habéis elegido vosotros a mí, sino que yo os he elegido a vosotros, y os he destinado para que vayáis y deis fruto y que vuestro fruto permanezca” Jn. 15, 15-16. Decía el Papa Juan Pablo II en una carta de felicitación que enviaba a un Obispo que se encontraba en estas mismas circunstancias: “Estas bodas de oro sacerdotales son una meta insigne del ministerio apostólico, que ha de ser recordado por ti y por todos los fieles”.

Por eso estamos congregados hoy aquí en la Iglesia Madre de este Vicariato junto ti, que eres su Pastor, para agradecer al Buen Pastor, Jesucristo Resucitado, que te ha regalado el don del sacerdocio para bien de su pueblo. El predicador resaltó después el inicio de la vocación de Mñor Ramiro y diversos momentos que lo acompañaron, así como los principales lugares en donde ejercicio su ministerio sacerdotal. Y pasó a dar unas pinceladas sobre el sacerdocio como don y misterio, como servicio y ayuda incondicional. El sacerdote es un don para los hombres.

No vive para sí, vive para los demás. Cada sacerdote es un regalo de Dios a su Iglesia y al mismo tiempo es una ofrenda de la Iglesia al Dios del amor. El sacerdote es un misterio para sí mismo y para los hombres, un misterio donde se juntan pecado y santidad, grandeza y pequeñez, humana flaqueza y divina misericordia.” Benedicto XVI, señalaba a los Obispos de Malawi en su visita ad límina “la importancia de recordar a las vocaciones que el sacerdocio es un camino de servicio y no un medio de progreso social personal”.

Y en el mensaje de Aparecida a los presbíteros entre los “reclamos del pueblo de Dios” se apunta a la identidad genuina del sacerdote: “que sea pastor del pueblo” y se rechaza la de “clérigo de Estado o funcionario”. El sacerdote es servidor y ayudador de la comunidad cristiana por las tres funciones que debe desempeñar y que están íntimamente relacionadas:  El P. Aladino resaltó la larga y constante actividad desarrollada por Mñor Ramiro, a través de estos doce años, en la organización y pastoreo del Vicariato de Machiques así como su empeño y entrega en favor de los más pobres y marginados de este Vicariato. “Ha seguido la labor llevada a cabo por los Padres Capuchinos en tantos años”.

 

 

Y con palabras del salmista y del poeta intentaba resumir los sentimientos que embargaban a Mñor Ramiro:


“Tomaste, Señor, mi corazón de niño con ternura delicada y paternal.

Me sedujeron tu afecto y tu cariño, y me dejé cautivar.

Yo escuché tu llamada gratuita sin saber la complicación que me envolvía;

me enrolé en la caravana de tu mano, sin pensar en las espinas ni en los cardos.

Necesitaste y necesitas de mis manos para bendecir, perdonar y consagrar;

quisiste mi corazón para amar a mis hermanos, pediste mis lágrimas y no me ahorré llorar.

Pediste que te prestara mis pies y te los ofrecí sin protestar;

caminé sudoroso tus caminos, y hasta el océano me atreví a cruzar.

Mi gratitud hoy te canto, ¡Cristo de mi sacerdocio! Mi fidelidad te juro, Jesucristo Redentor.

Ayúdame a enriquecer con jardines a tu Iglesia, que florezcan y sonrían aún en medio del dolor.

 

Momento emotivo fue la presentación de ofrendas. Dos banderines, uno con los colores de la bandera de Venezuela y el otro con los de la bandera de España. Los trece Oblatos con diversos símbolos de la Congregación: El crucifijo misionero, un cuadro del fundador, una imagen de la Inmaculada llevada en andas. La colecta y diversos productos de la región y como final, unos bailes y danzas ejecutados por un grupo de niños y mayores de la étnia yukpas. Todo acompañado con aplausos.

 

Y como final de la Eucaristía, unas palabras de agradecimiento tanto por parte del Párroco de la catedral, como, principalmente, por parte de Mñor Ramiro.

La fiesta concluía con un compartir de todo Machiques e invitados de las diversas Parroquias del Vicariato en el polideportivo del Colegio de unas Religiosas cercano a la catedral. Todo animado por un grupo musical de “gaitas” (algo típico de la región del Zulia), que hizo las delicias de todos.

  Vemos en la imagen la coral que intentó entrar en la casa de los oblatos y fue repelida por una brava perra que cuida nuestra casa en Casigua. Lástima que la lucha fue sin cuartel y al final el pobre cánido quedó maltrecha en la refriega. Gracias a la pronta aplicación de la inyeccion antiofidica, se recupero milagrosamente.

Visita a nuestras obras oblatas.-

Esta visita de los dos “invitados” (PP.Amador y Aladino) nos ha dado oportunidad para tomar el pulso a la presencia oblata en Venezuela y a la realidad político-social venezolana actual. Hemos admirado la gran obra eclesial que han llevado a cabo los oblatos en estos casi diecinueve años y hemos tenido la ocasión de escuchar y palpar la verdad sobre las dificultades políticas, económicas y sociales por las que atraviesa el país.


La presencia de los siete Oblatos en los tres lugares de misión (Casigua, Palo Gordo y Santa Bárbara de Barinas) sigue siendo una colaboración significativa a las tres iglesias diocesanas (Machiques, San Cristobal y Barinas). Pero el gran reto que tiene nuestra misión oblata en Venezuela sigue siendo, sin lugar a dudas, las vocaciones. Bien es verdad que, a los diecinueve años de nuestra presencia, ya hay un escolástico y un candidato al noviciado, promesas ya casi cuajadas y promesas que abren a la esperanza de comenzar a contar con oblatos venezolanos.

 

Nuestro regreso fue también largo y cansador. Pero valió la pena por acompañar a Mñor Ramiro en nombre de la Provincia en ese importante acontecimiento de los 50 años de sacerdocio y valió la pena por esa nueva “inmersión” en la querida misión oblata en Venezuela.

 

Aladino Garmón, omi

Etiquetado en oblatos

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